martes, 3 de febrero de 2015

Júpiter IV: Anillos y lunas.

El hecho de que Júpiter tenga anillos y que tú no lo sepas es debido precisamente a que no son gran cosa (comparándolos con los de Saturno, claro). Es por ello por lo que no supimos de su existencia hasta 1979 (supongo que ya sabes porqué). Y es que son extremadamente finos, pues están compuestos de partículas de polvo no mayores de una décima parte de un milímetro. (Y aun así suman una masa de miles de millones de toneladas!!!). 

Anillo principal de Júpiter


La fuente principal de todas esas partículas son cuatro pequeñas lunas: Metis, Adrastea, Amaltea y Tebe. Son minúsculas y además, se van haciendo cada vez más pequeñas. En cualquier caso, tienen un triste final: Acabar estrellándose contra Júpiter (su fuerza de atracción es muy fuerte, y ellas giran y giran pero cada vez un poquito más cerca del monstruo).

Como curiosidades de estas lunas: Adrastea es la más pequeña (20x16x14km) y junto con Metis, gira más rápido alrededor de Júpiter que éste sobre sí mismo (Solo a Fobos, una de las dos lunas de Marte, le pasa lo mismo). Amaltea es la más grande de las 4 (250x146x128km) y se cree, por su composición (es prácticamente hielo) que puede ser un cometa atrapado por el campo gravitatorio de Júpiter).



Las siguientes Lunas de Júpiter ya están fuera de los anillos. Las más importantes son las conocidas como lunas Galileanas, ¿Puedes imaginar por qué? Porque fue Galileo quien las vió por primera vez. Son Io, Europa, Ganímedes y Calixto.

Galileo vio las 4 lunas girar alrededor de Júpiter cuando en la Tierra (en 1610) aún creíamos que todo el universo giraba alrededor de nuestro ego… sin embargo, en ese momento quedó patente que había algo girando alrededor de otras cosas… Entonces... ¿Quizá estábamos equivocados?

Más allá de los 4 satélites que vio Galileo, hay 56 lunas más!! Pero como creo que me estoy alargando demasiado con Júpiter prefiero dejarlas para más adelante. No te preocupes, también veremos con más detalle tanto a Io, a Europa, a Ganímedes y a Calixto así como los satélites troyanos de nuestro querido Júpiter.   

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