martes, 13 de enero de 2015

Historia del conocimiento de la Luna I

La Luna siempre ha sido considerada como una deidad. El propio nombre, Luna, es el nombre de la diosa romana. Los Griegos la llamaban Selene. Hicieron falta muchos años, pero al final, una de esas mentes privilegiadas que aparecen en la historia muy de vez en cuando, Anaxágoras, explicó lo que era aquel disco plateado que aparecía por las noches sin recurrir a la religión.

El genio, Anaxágoras.

Anaxágoras explicó que la luna era de forma esférica y de algún material rocoso, que brillaba porque refleja la luz del Sol y que las fases de la luna (las veremos pasado mañana) se debían a la posición relativa entre la Tierra, la Luna y el Sol. Impresionante.

El siguiente paso lo dió Aristarco de Samos. No tenía telescopio, ni los actuales sistemas de medida, pero calculó, y con gran precisión, el tamaño de la Luna (Ahora sabemos que tiene exáctamente 4.476 km de diámetro) y la distancia entre ésta y la Tierra.

Lógicamente, lo que más hizo avanzar al ser humano en el conocimiento de la Luna fue el gran invento de Galileo: El telescopio. En realidad no lo inventó él, pero fué el primero en dirigirlo al cielo y lo mejoró muchísimo. El primer libro con con un dibujo más o menos detallado de la superficie de la luna se publicó en 1609. Lo que estaba claro es que la luna no tenía una superficie lisa y perfecta. Tenía unas zonas más oscuras a las que se le llamo "mares" y otras más claras a las que se le llamó "continentes".
                                                         Galileo, un artista.

Los mapas lunares se fueron mejorando a medida que lo fueron haciendo los telescopios.  En 1647 Johannes Hevelius publicó un libro con un mapa bastante detallado de la Luna. Y un siglo después, en 1753, la mayor parte de la comunidad científica descartó la posibilidad de que existiera vegetación y vida animal pululando por su superficie... aunque alguno lo seguía creyendo en 1824, cómo Gruithuisen, que afirmaba ver ciudades en los cráteres de la luna con su telescopio. (eso le sirvió, no obstante, para tener un cráter con su nombre en la superficie de la Luna).

Pero hacía falta algo más. Ése algo más no era ya solo mirarla desde la Tierra, si no acercarnos a ella. Pero eso ya forma parte del capítulo de mañana.

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